Mujer y madre

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Actualmente se van encontrando cada vez más motivos para dedicar un día del año a celebrar algo específico. Dentro de poco, es posible que falte calendario para tanta conmemoración. El día del no fumador, del SIDA, el día del pollo a la brasa, etc. Menos mal que hay otras fechas de muchísima mayor trascendencia -como la de hoy- y que a pesar de los movimientos feministas radicales y de lo comercial que se ha vuelto, no dejará de ser celebrado como se merece. Por lo menos, lo auguro así en nuestro país que aún no ha enfermado mentalmente con ideologías raras y su sentido común permanece bastante normal.

Nos asombramos y lamentamos de que hayan “aparecido” aberraciones como el “matrimonio” homosexual o que ya no se hable de la familia sino de varios tipos de “familia”. Esto no ha irrumpido en el mundo de la noche a la mañana. Desde los años 60 viene siendo muy bien trabajado por los ingenieros sociales -de la ONU, principalmente- en el intento de promover un nuevo orden mundial. Para conseguirlo fueron demoliendo sostenidamente durante años los conceptos naturales del matrimonio y de la familia. Y si lograron algo es porque antes golpearon cuanto pudieron los términos de MATERNIDAD y MADRE. Por ejemplo, en la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín, en 1995, la palabra “maternidad” fue sustituida por el de “mujeres en procreación”, aunque con poco éxito.

Por muchas razones se ha querido separar a la madre tanto de la familia como de la relación con el padre y con los hijos. Para ello, la palabra “mujer” fue el mejor sustituto genérico de “madre” y el más usado en foros y documentos internacionales. Es evidente que al utilizar el término neutral “mujer”, la relación con el padre o con la familia se debilita mucho. Para la ideología de género (según la cual las personas de sexo femenino serían intercambiables con las de sexo masculino) es importantísimo no solo relativizar, sino desterrar el término maternidad. Esta sería una carga de la que las mujeres deberían liberarse para ocupar el puesto que les corresponde en la sociedad posmoderna (lo cual es falso pues muchas mujeres -que son madres- destacan en los diversos ámbitos en los que legítimamente se desempeñan); una esclavitud ancestral de la cual se han servido principalmente los varones para mantenerla en un status inferior y así minusvalorarla.

Desenmascarando la ideología de género, la reconocida intelectual Jutta Burggraf -recientemente fallecida- sostiene que “hay quienes afirman, por ejemplo, que el amor materno no es algo inscrito en la naturaleza de la mujer, sino que se trata de un sentimiento surgido en un determinado contexto cultural y que puede desaparecer o ser destruido si cambia la cultura”. Se trata pues de una revolución cultural sin precedentes, que ha utilizado principalmente a la mujer como un instrumento para lograr sus fines. Quieren borrar de ella todo rasgo de su dimensión materna, que sabemos le es esencial.

Creo que ya es suficiente lo dicho hasta ahora para estar muy conscientes y en alerta de los desvaríos de la cultura que nos quieren imponer; en este caso con relación a la madre, que no sólo engendra vidas sino que el amor por sus hijos es el modelo más sublime que podemos encontrar en la tierra. Cito a Pilar y Carlos Goñi: “Todas las formas de amar que hemos inventado son imitación y participación de ese amor primordial que es el que siente una madre por su hijo. Es el único amor puro, el único que no exige reciprocidad, el foco que alimenta a todos los demás amores. (…) sin él el ser humano no habría aprendido a amar…” Estamos, pues, ante un amor y entrega que sólo pueden ser superados por el amor divino, que es infinito. Y amor con amor se paga, dice el sabio refrán. Siempre -y hoy más que nunca- debemos hacerlo.

Por: Ing. Edwin Heredia Rojas

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