Ley ordena abortarla y ella se aferra a la vida

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Una adolescente de 12 años, que proviene de una familia de escasos recursos de la ciudad de San Pedro – Jujuy, al norte de Argentina, fue violada por un vecino de 65 años. La niña quedó embarazada de Esperanza, una bebé que sobrevivió a una penosa travesía resuelta de una suerte de política, intereses ideológicos y moral.

Tras una cruenta batalla médica y legal entre la ola verde (abortista) y la ola celeste (ProVida) la vida de una bebé estaba en juego. Los médicos decían ‘no’ y la familia – por lo menos la madre de la menor – decía ‘si’ al aborto. Las huestes ‘verdes’ se lanzaron a presionar al gobierno local para que diera la orden de ejecución el aborto. A como diera lugar. En tanto, las organizaciones provida promovieron amparos legales para que se respetara también la vida de la bebé. Ofrecieron directamente ayuda a la familia y solicitaron a los médicos que salvaran las dos vidas. Se apostaron en torno del hospital.

Mientras todo eso ocurría el corazón de Esperanza latía más fuerte, cada minuto en la matriz era una posibilidad más de sobrevivir, miles de personas en todo el mundo esperaban atentos el milagro de la vida que se aferra ante la furiosa mirada de los intereses ideológicos que mueven la ola verde y las ong pro aborto.
El lobby verde del feminismo supremacista, que ‘casualmente’ se enteró del caso desde el inicio, montó una campaña pública contra el director del hospital. El fiscal de turno, José Alfredo Blanco, no se metió.

La menor fue trasladada el 16 de enero al Hospital Materno Infantil ‘Héctor Quintana’. Allí, el equipo de médicos que evaluó el caso llegó a la misma conclusión: un aborto provocado colocaría en riesgo de vida a la adolescente.

“Se trata de un caso muy delicado y peligroso para la menor; lo más aconsejable para la salud de la niña y del bebé es un parto inducido, pero, por lo menos dentro de dos semanas más. Inducir el parto en este momento puede generarle al bebé parálisis cerebral, ceguera u otros daños, puede morir”, explicó ese día Gustavo Briones, jefe de la Maternidad del hospital.

Por presión de la ola verde el jueves 17 anunció que “garantizaría el cumplimiento del Protocolo de la ILE” y “respetaría la voluntad de la niña y la madre” que habían solicitado el aborto por escrito.

Los médicos no quisieron matar a la bebé y vieron por adelantar el parto con una cesárea. Si sobrevivía la bebé sería dada en adopción. Y un nuevo recurso judicial interpuesto por los provida imposibilitó que se obligara al Hospital a dejar a la bebé morir como el reciente caso de Entre Ríos (Firma la petición aquí).

Cuando la ola verde se tiñe de rojo sangre

Entre Ríos, es una poblada provincia argentina. El 1 de diciembre de 2018, mediante una orden judicial se ejecutó un aborto en una adolescente de 13 años con cinco meses de embarazo; el bebé nació vivo y se le dejó agonizar por 10 horas sin ningún auxilio.

Pero en este caso en Jujuy, en condiciones “normales”, las autoridades y la familia hubieran seguido las recomendaciones de los médicos. Sin embargo, la saña de la “horda verde” mudó esas “condiciones normales”. Morales aceptó la presión y prefirió oír a las feministas que a los médicos. Y aun así, las “verdes” estallaron en cólera. No perdonan que Esperanza no fuera asesinada en el vientre materno o dejada en una tarja metálica, agonizando, como un animal.

La supervivencia de Esperanza les irrita, les incomoda, les frustra. La querían muerta y no lo consiguieron. Varias familias que se han presentado para adoptarla, pero ella se debate entre la vida y la muerte. Su caso ya rebasó las fronteras de Jujuy y evidenció al mundo la saña que puede haber por tras de un pañuelo verde.