¿Cuándo el verdugo se convirtió en padrino?

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Hablemos un poco de la “Cultura del Descarte”. Según el Papa Francisco es “una cultura de la exclusión a todo aquel que no esté en capacidad de producir según los términos que el liberalismo económico exagerado ha instaurado”, y que excluye “desde los animales a los seres humanos, e incluso al mismo Dios”. Qué significa esto, pues simplemente es hacer de lado, a todo y todos aquellos que, como sociedad aparentemente no son útiles. Un ejemplo es el descarte de aquellos que por su corta o avanzada edad aún no producen en la sociedad, los bebés en el vientre materno y los ancianos, son más que nada un gasto para este sistema el cual, busca desaparecerlos o relegarlos culturalmente.

A esta sociedad, ante los embarazos inesperados, no le interesa la razón del problema, el fomento de la castidad y el retraso de las relaciones sexuales son los medios más eficaces por que no generan gastos ni sacrifica ninguna vida. La cultura del descarte por el contrario busca fomentar más las relaciones libres y a corta edad, para que se conciban más bebés y de esta forma se promovería el mercado del aborto.

El libertinaje sexual y las relaciones pre matrimoniales fomentan el uso de preservativos y pastillas anticonceptivas, así como antibióticos y la famosa pastilla del día siguiente. De esta forma se crearía un mercado objetivo haciéndonos dependientes de un capricho, de una necesidad que gusta a las farmacéuticas.

Agustín Laje y Nicolás Márquez tienen un libro denominado “El Libro Negro de la Nueva Izquierda, Ideología de Género o Subversión Cultural” en el cual se explica el carácter político de la Ideología de Género y como a través, de distintos pasos se llega a imponer decisiones a espaldas de la gente.

¿Entonces de que estamos hablando? Pues, del descarte para unos y los supuestos derechos para otros. Esta nueva Izquierda sabe a quién apuntar, crea nuevas situaciones de conflicto en donde el matrimonio igualitario es mucho más importantes que los más de 500 niños muertos por el fríaje en las zonas altas del Perú. Es prioridad, en nuestra educación, enseñar a un niño que también puede vestirse como mujer o que una niña puede jugar con carros, más que los altos índices de analfabetización que llegan al 5.9 % y los últimos puestos que ocupamos a nivel Latinoamérica en razonamiento matemático. Pues en eso se van nuestros impuestos.

Pero no siempre fue así, vayamos a los trágicos años 80 donde los partidarios de la lucha armada a través de Sendero Luminoso realizaron, según varios documentos, cientos de asesinatos a homosexuales como parte de una “Limpieza Social”. En ese tiempo la autodenominada comunidad LGTBI no era considerada necesaria dentro de los planes del terrorismo, por el contrario, ellos eran los “descartados” o mejor dicho eran los “abortos” de la sociedad izquierdista. Los ojos de la izquierda terrorista estaban puestos en el proletario, en el campesino, en el sector menos favorecido económicamente y quizás el menos formado académicamente. Despreciando a los sectores que menos les aportaban.

Hoy en día, los ojos de la nueva izquierda han girado hacia estos grupos dejando de lado, al campesino y poniéndose a favor de quienes habrían sido en el tiempo pasado sus víctimas. La comunidad gay y los grupos de colectivos feministas pasaron de tener un letal verdugo a un cariñoso padrino sin tener en cuenta, que solo por un tiempo los van a apoyar, hasta que encuentren un grupo quizás más suculento a sus intereses.

Para finalizar, las luchas armadas terroristas pasaron de ser una de aquellas pugnas entre el campesino de las zonas altas de la sierra peruana contra el militar del gobierno, a la triste y patética lucha del ultra feminismo moderno, la comunidad lgtbi contra el hombre y la cultura tradicional.

Por: Jafet Meza Jarufe, comunicador

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