Pornografía y masturbación: ¿Hacia la “autosuficiencia sexual”?

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En general, en el mundo occidental el deseo sexual está por los suelos. El último gran estudio estadounidense, realizado de 1989 a 2014 con 27.000 individuos, pone de manifiesto un descenso de las relaciones sexuales en adultos jóvenes nacidos entre 1980 y 2000. Esta última generación de jóvenes estadounidenses practicaría sexo 53 veces al año, frente a las 65 relaciones anuales de la de la década de 1990.

Según Olivier Florant, sexólogo del consultorio Cabinet Saint-Paul en París, consejero matrimonial en la asociación cristiana familiar CLER Amour et Famille y autor de varios libros, como Halte au porno (Le Cerf, 2016), la razón esencial del descenso del deseo sexual entre jóvenes de 20 a 30 años es la masturbación y la pornografía. “El 40% de los pacientes que vienen a mi consulta están afectados por la pornografía, una epidemia presente en todos los entornos”, explica Florant para Aleteia.

La pornografía presenta un acto sexual excitante, rápido, inmediato, despegado de toda responsabilidad procreadora y de toda relación sentimental. Un cóctel que parece seducir a cada vez más hombres y mujeres.

La pornografía, la publicidad erótica, la abrumadora cantidad de señales sexuales en la vida cotidiana… en la actualidad, las invitaciones a la libido son múltiples. El resultado es que casi no hay necesidad ya de tener pareja para hacer nacer el deseo. “El medio más simple”, constata Oliver Florant, “es encerrarte en tu dormitorio con tu tableta y mirar pornografía, seas chico o chica. Y fantasear. Porque es más fácil fantasear que actuar”.

Algunas mujeres también pueden contentarse con aventuras eróticas a través de webs de citas sin necesariamente pasar a la acción, mientras que los hombres encuentran su alivio en la pornografía.

Una autosuficiencia sexual tanto masculina como femenina que rompe literalmente las relaciones hombre-mujer. Otra gran responsable de la sexualidad autosuficiente es el miedo a no tener sobresaliente en el sexo o a no estar a la altura de las expectativas de la pareja puede conducir a algunos a renunciar a los placeres carnales y a preferir las sensaciones en solitario detrás de la pantalla de su smartphone, tablet o pc.

Egoísmo en el mismo centro del acto sexual

La tendencia al egoísmo no es una constatación novedosa. Sin embargo, cuando el egoísmo invade la esfera de la sexualidad, que debería ser un ámbito privilegiado de la expresión del amor, el resultado no es muy alentador.

En esta búsqueda individual del placer, la pornografía atrae de forma inevitable porque permite un gozo inmediato y rápido. El sexólogo precisa que el porno está elaborado precisamente para obtener este resultado, que puede parecer más excitante que mantener una relación sexual con el/la cónyuge. En cambio, Olivier Florant invita a sus pacientes a ir a contracorriente y a preguntarse: “¿Qué es lo que causaría placer a mi esposa/marido?”, en vez de buscar el placer propio.

A pesar de las tendencias a la autosuficiencia y al egoísmo que hacen prosperar la industria del porno, Olivier Florant da unos consejos para mantener la esperanza y curarse. Su terapia se basa en el control emocional gracias al control de las ideas, en la línea de las enseñanzas de un asceta del desierto del siglo IV, el monje Evagrio Póntico. El postulado de partida es el siguiente: todas nuestras decisiones y elecciones están dictadas no por un razonamiento lógico, sino por la búsqueda de un equilibrio emocional entre nuestros deseos y nuestros temores. Es decir, una idea desencadena una emoción. Por tanto, si queremos controlar nuestras emociones para controlar nuestros actos y hacerlos consonantes con nuestras convicciones, entonces debemos controlar nuestros pensamientos.

Para ello, Olivier Florant hace referencia a una frase del Evangelio: “Estén alerta y oren para que no caigan en tentación” y anima a estar vigilantes.

En el caso de la masturbación, cuando la idea viene a la mente, se trata de ahuyentarla con un método muy concreto llamado ‘contramedida’. La contramedida da a la persona solamente tres o cuatro segundos para rechazar el pensamiento y obligarse a efectuar un gesto corporal que marque este bloqueo mental, dándose una palmada en la pierna o chasqueando los dedos, por ejemplo. La cuestión es crear un automatismo que nos ayude a estar atentos a las tentaciones y evadirnos de ellas.

Por: Mathilde De Robien

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