EL ABUSO DE LA DIVERSIDAD

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En el lenguaje común, la palabra diversidad suele emplearse con otro sentido y en menos ocasiones que los términos distinción y diferencia. Así, no afirmamos que un gato es diferente a una piedra, sino que más bien son realidades o conceptos diversos. Tampoco solemos decir que un hombre y una mujer son diversos, sino que son distintos. La diversidad implica una mayor distancia que la distinción o una diferencia.

En la actualidad, la diversidad se ha convertido en una peligrosa herramienta ideológica que está causando estragos sociales. En occidente se ha convertido en una especie de mantra ideológico. Se abusa del término, empleándolo para constituir grupos que se segregan de la mayoría en función de ciertas diferencias. El caso más común -y emblemático, diría- se da hoy con la denominada «diversidad sexual», según la cual los que tienen orientaciones sexuales distintas o diferentes  (la llamada comunidad LGTBI) formarían un grupo aparte, con derechos distintos a los de los demás y que requeriría -por tanto- de un tratamiento especial. Es más, esa singularidad también impondría obligaciones al resto de personas, la inmensa mayoría.

Empecemos por señalar la trampa. Ningún individuo puede ser diverso, sino solo parte de una colectividad. Las personas somos distintas mas no diversas. Hay que atender a las diferencias, mas no a la diversidad. Esta separación del «grupo diverso» no solo atenta contra la unidad, sino que -como en el caso LGTBI- permite la imposición a la gran mayoría de la visión de un grupo elegido.

Es lo que viene ocurriendo con las leyes LGTBI que se están promulgando en otras latitudes. La lucha por la no discriminación está llevando a la imposición de una ideología, de «la visión de la sexualidad y de la persona propia de la ideología de género» a todo el mundo, en expresión de Benigno Blanco, abogado español y ex presidente del Foro de la Familia. En este lamentable sentido, se ha aprobado recientemente en Madrid la «Ley de protección integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por razón de orientación e identidad sexual».

Ahí están los peligros del abuso de la diversidad. Se parapetan en ella para obtener beneficios no debidos (que los demás no gozan) y para imponer al resto recortes a algunos de sus derechos y libertades básicos. Esto ocurre, por ejemplo, con la mencionada ley, que prescribe el adoctrinamiento escolar obligatorio en la ideología de género, en contra de los derechos de los padres a educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones. Mañana podrían ser otros grupos diversos que reclamen e impongan su propia visión del mundo a los demás.

De otro lado, los diversos LGTBI se victimizan. Cuestionar su ideología equivale a atacarlos en su dignidad personal. Como recuerda Blanco, «Los homosexuales -como los heterosexuales- son acreedores a todo el respeto que merecen como personas, pero sobre su conducta y estilo de vida se puede opinar. Como respetar a un socialista no implica tener que aceptar el socialismo (…)». De discriminados a casta privilegiada. Cuidado con la diversidad.

Ing. Edwin Heredia Rojas

                                                                                         

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