Para ti que participas un año más del CORSO POR LA VIDA Y LA FAMILIA

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Ha pasado, un año ya, desde la última vez que salimos con nuestras banderitas y globos de colores a pregonar por las calles la defensa la vida y la Familia en Arequipa. Un año desde aquella última vez, en que detuvimos la ciudad y mostramos que festejamos la vida. Pero a la vez, y en medio de tanta expectativa, surgió en mi un poco de apatía al ver como muchos no tomaban este evento de modo serio, lo que ocasionó en mí preguntar, ¿Cuánto vale la pena El Corso por la Vida y la Familia?

Porque los efectos inmediatos que tienen este tipo de manifestaciones no lo llegamos a ver y no hay forma de tabular el beneficio que le hicimos a la sociedad. Pasar del momento de las arengas, de las coreografías, de los aplausos en las calles, de los agravios de los resentidos religiosos, de las miradas curiosas. Saber si a los años que vengo participando la sociedad ha cambiado algo. Si hay algún modo de medir el impacto que causamos en la vida de la gente. Si pudiéramos exhibirlo ante las instituciones que año a año salen a desfilar junto a nosotros… de hecho el compromiso seria mayúsculo, y en nuestro país no se hubiera aprobado el mal llamado aborto terapéutico.

Una forma de medir este impacto es ver la cantidad de personas e instituciones que año a año se suman al corso. El número de asistentes se ha multiplicado por más de 100 desde la primera edición, llegando a ser el 2018 alrededor de 120 mil personas. Otra forma de tabular el impacto también se daría en la respuesta de la gente en las calles; cada año molestamos menos y nos hacemos vecinos recurrentes ante los edificios por donde pasamos, hay mejor organización en el recorrido y el desvío de vías para los transportistas. Al no ser una marcha propiamente hemos roto con el estereotipo de que esta es una expresión que busca atropellar algún derecho, por el contrario, al ser un corso hemos procurado sensibilizar a las personas en situaciones críticas de que la vida es un regalo y un valor inherente a nuestra humanidad, de que la familia es una fuente real de amor y sacrificio. Otra forma de medir el impacto del corso es definitivamente uno mismo.

Hace algunos años, exactamente en un Corso por la Vida escuche que, si el corso cambiaba un solo pensamiento, si hacia desistir a una sola persona de la decisión de abortar o acabar con su vida, todo el esfuerzo habría valido la pena. Precisamente, dentro de los testimonios que se escuchan hay uno implícito entre quienes recurrimos año tras año: La convicción cada vez mayor de que luchamos por una causa justa. Este es mi caso, y como no, de varias personas quienes comenzamos a ir al corso con una idea básica de defensa de la vida; algo nos iría pasando en el camino, quizás fuimos adquiriendo más conocimiento sobre temas Provida, quizás vimos en los voceros un compromiso inspirador, o quizás simplemente estos corsos por la vida permitieron por un efecto casi mágico: sensibilizarnos ante las circunstancias, o dicho de otro modo, el dejarnos de ser tan indiferentes ante los hechos cotidianos que tienen que ver con nosotros mismos; desde la amiga embarazada en situación crítica, hasta los proyectos de ley que constantemente atacan a la vida y la familia. Nos involucramos y no nos quedamos callados.

¿Cuánto vale la pena participar de este corso? pienso, si no fuera por el desarrollo de estas expresiones muchos jóvenes no tendrían idea de que la defensa de la vida y la familia no es una particularidad confesional, que no es una idea romántica; y que quienes les llevamos una ligera ventaja en el camino estamos allí para apoyarlos, para cuestionarlos, para retarlos. A la vez, para hacer notar que la vida se celebra desde el instante en que una persona es concebida pasando por todas las etapas del desarrollo humano, honrándola hasta el último instante en que la vida acaba de manera natural. El Corso por la Vida y la Familia lo vale por quienes tomamos conciencia cada año de que el compromiso con estos valores universales se renuevan; entonces podemos salir a celebrar y compartir con todo el mundo nuestra alegría. Este corso vale la pena definitivamente porque tú, que volverás a participar ya no eres el mismo del año pasado. Tu convicción se ha acrecentado.

Considéralo.

Por: ABUDIO LETTERS

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