Ser Provida

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No es fácil en estos tiempos el declararse provida. Lo políticamente correcto inunda todo y hace que cualquier defensa de la existencia desde el nacimiento hasta la muerte natural resulte en miradas despectivas, insultos y hasta discriminación. Pero uno lo acepta con mucho cariño, en serio, porque sabe que la defensa no la hace por uno mismo en realidad, sino por todos aquellos que necesitan se los defienda, en los vientres de sus madres, en la tristeza del abandono y en la soledad de la vejez.

Les voy a contar porqué me convencí de que toda vida importa: hace algunos años conocí la vida de Cecilia Perrín, una mujer argentina que tuvo una historia singular, a la cual le detectaron cáncer justo cuando estaba embarazada. Para esa época, estoy hablando del año 1984, la única salida era abortar a la criatura en su vientre y proceder con el tratamiento correspondiente. Ella, pese a mucha oposición y presión de fuera, decidió seguir con el embarazo, ante esa decisión férrea, la familia, en especial su padre, la apoyó incansablemente.

Quisiera decirles que ella sobrevivió, pero no fue así. Luego de dar a luz a su hija María Agustina, falleció por el mal que la aquejaba en marzo de 1985. ¿Todo quedó allí? No. Su valentía y donación no fue gratuita, con dolores inconcebibles vivió esos meses, pero, una fortaleza única la mantenía alegre, dispuesta a sonreír, a valorar cada instante, tanto, que cada persona que ingresaba a darle consuelo a su habitación, salía consolado. Esto lo sé porque conversé con sus parientes y amigos.

Pero lo que me impactó fue conocer a su hija María Agustina, la cual era una adolescente convencida de que su madre había realizado un sacrificio enorme por ella, dando la vida incluso. Para esa muchacha cada día era un regalo, una oportunidad de hacer valioso el sacrificio de su madre. La extraña, claro que sí, pero sabe que está con ella en la vida misma que le regaló.

Un testimonio así te sacude. A mí me cambio una figura personal que tenía sobre mi propia, circunstancial y afortunada venida al mundo, me cambió todo, porque supe que toda vida importa y hay que luchar por ella hasta el final. Por eso mañana, 30 de marzo, desde las cuatro de la tarde partiendo del Parque Mayta Capac, estaré de nuevo como hace años en el Corso por la Vida y la Familia y poder decir a viva voz: ¡Sí a la vida!

Por: Sarko Medina Hinojosa *Periodista y escritor

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