EL FRÍO ENLOQUECE A LOS CANADIENSES

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Ojalá fuera el frío, excepcionalmente intenso, de este invierno en Canadá. Pues, con la primavera, sus neuronas recuperarían cierta normalidad. Pero no, no es el frío la causa de su demencia. Es una ideología perversa que se expande por el planeta obedeciendo órdenes superiores. Aquella con la que el hombre quiere autodestruirse. La denominada ideología de género, tratada tantas veces en esta columna.

Canadá es uno de los países más infectados con estas ideas. En la provincia canadiense de Alberta, David Eggen, ministro de educación, ha enviado a todos los colegios una directiva sobre orientación sexual e identidad de género, expresiones clave de esta ideología. Las nuevas normas apuntan a un increíble dislate: a cualquier edad, «la autodefinición de una persona es la única medida de su orientación sexual, identidad de género o expresión de esta identidad». Lo cual vale, por supuesto, para niños y adolescentes. Es decir, dependerá solo del niño o adolescente elegir qué «ser» y cómo quiero «que me traten»: chico, chica u otros estados intermedios.

Así, por ejemplo, el colegio deberá permitir que cada quien -profesor o alumno- vista y utilice los baños de acuerdo al género con el que se identifique en esa etapa de su vida (de hombres, mujeres, o un tercer baño de libre acceso y género no asignado). Las directrices mencionan también un «newspeak», para no herir a aquellos que no se sientan incluidos en los pronombres «he» o «she», o con el trato de Mr, Miss o Mrs. Entonces podrán exigir alternativas como «ze», «zir» … o Mx. Lo que importa sustancialmente es asegurar un exquisito «respeto a la diversidad».

Seamos claros. Más que un «respeto a la diversidad» se conseguirá -entre otras calamidades- «una convivencia en la jungla». Sabemos que la ideología de género apunta a los niños. En algunos lugares ya se piensa normar que -entre 0 y 6 años- ni siquiera los padres podrán vestir, jugar, hablar o insinuar a sus hijos, de modo que se sientan varones o mujeres. Solo ellos deben concluir cuál es su identidad de género, en base a sus inclinaciones no condicionadas. De otro modo se atentaría contra su libertad.

Quizá ahora se entienda mejor lo de ideología autodestructora del ser humano. Como dice I. Aréchaga, «La plasticidad y ambigüedad de las propias percepciones sobre la identidad sexual pueden sumir a un niño en la confusión. Y lo que necesita es que los padres y profesores lo ayuden a afirmarse en su propia identidad, de modo que pueda superar sus dudas (yo añado, si las tuviera). Limitarse a dar por buena su autodefinición, cuando todavía carece de experiencias para definir sus sentimientos, es un modo de abandonarlo a su suerte». Aprendamos en desgracias ajenas. Con la locura canadiense, podemos anticipar el futuro y curarnos en salud.

Por: Ing. Edwin Heredia

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