EL LEÓN Y LOS BEBITOS

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Érase una vez un león especialmente admirado por la gente y por los cazadores. Era muy fiero, de excelente presencia (león de melena negra de  Zimbabue) y no quedaban muchos como él. Tenía hasta nombre: Cecil. En ese país africano, el “deporte” de la caza es legal, regulado y se paga mucho dinero para obtener los permisos y entrar en las reservas privadas. No obstante, esta caza provoca muchas y fuertes polémicas. Cecil era muy cuidado. Estaba en el parque nacional Hwange, donde era una gran atracción para los visitantes y la caza está prohibida.

Cierto día llegó un adinerado dentista y cazador estadounidense -James Palmer- dispuesto a atrapar al león. Se piensa que, con engaños, Cecil fue sacado del parque y que Palmer lo hirió con su arco, para luego matarlo con un tiro de fusil. Esto irritó al mundo entero. Hubo manifestaciones de protesta y denuncias por parte de ONGs. Pero no sirvió de nada. Cecil estaba muerto. Se dice que el dentista habría pagado 50 mil dólares a sus ayudantes. El cazador se excusó diciendo: “confié en la experiencia de los guías locales profesionales, con el objetivo de cazar en un marco legal”. Sus cómplices fueron puestos ante la justicia bajo el cargo de caza furtiva. Hasta la fecha, muchos rugen por el crimen. No obstante, se sabe que bastantes notables del mundo hacen lo mismo. Poco antes de dimitir a la corona -en 2012-, el rey Juan Carlos se accidentó seriamente en un safari, actividad a la que se escapaba de cuando en cuando. Enterada la prensa, pidió disculpas por su costosa cacería de elefantes en Botsuana, mientras España libraba una dura crisis económica.

En otro tema, se calcula que, en Estados Unidos, son abortados anualmente un millón de bebitos. Digo bebitos, pues en algunos Estados se practica hasta los 8 ó 9 meses de embarazo. La criatura con 22 semanas pesa casi 800 gramos. A diferencia de la caza, el aborto no es un deporte en este país. Pero, al igual que la caza, es legal. A diferencia de la caza, ya casi nadie ruge por estos crímenes. Pero, al igual que la caza, a veces se producen polémicas cuando se prueba que no se hacen dentro del marco legal. Los miles y miles de criaturas abortadas son un gran negocio para los que lo realizan y están respaldados por leyes y poderosos; aún cuando infrinjan la legalidad vendiéndolos y en partes. En cambio, un solo animal -como Cecil, por ejemplo- es, para los cazadores, un desafío y una costosa aventura con la que satisfacen sus ansias de diversión, derroche y amor propio; aún con el riesgo de  multas y cárceles.

El panorama que contemplamos en estos días es sobrecogedor. El escándalo por la muerte de Cecil dio la vuelta al mundo; la venta por partes -para ganar más-de los bebitos abortados por Planned Parenthood fue silenciada por la prensa mundial. Como esta venta es ilegal, Planned Parenthood -que recibe 528 millones de dólares anualmente del fisco norteamericano para imponer su política abortista en el mundo- fue denunciada. Pero, no sólo no ha habido condena, sino que hace tres días el Senado norteamericano no consiguió los 60 votos necesarios para suprimir esta subvención. Y, si se daba, estaba previsto el veto de Obama.

¿Existe comparación posible entre el valor de una vida humana y la de un animal? A Obama -que se jacta de su sintonía con el Papa en el cuidado de la creación- habría que recordarle que este celo pone al ser humano por encima de toda criatura en la tierra.

                                                                                                    Por: Ing. Edwin Heredia Rojas

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