10 minutos que salvan la relación con tu hijo

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Un imagínate, ahora que se cumple el cincuentenario de la llegada del hombre a la Luna: Armstrong se queda tirado en el satélite y no logra regresar a la Tierra hasta el  2019 ¿Qué creen que pensaría del Tribunal Constitucional al dar por bueno que los menores transexuales puedan registrar su cambio de sexo en el DNI, sin esperar a la mayoría de edad? ¿Pensará “qué se habrán fumado”?, ¿de qué psiquiátrico se han fugado? o ¿que clase de Constitución es esa que permite a los mayores manipular a los menores, lavarles el coco y hacerles creer que tienen pene cuando tienen vulva y viceversa?

¿Exagerado? A veces es conveniente ver las cosas con perspectiva, a una cierta distancia, en el espacio (desde la Luna) o en el tiempo (medio siglo atrás), para calibrar el grado de negación de la evidencia al que puede llegar la raza humana si fuma sustancias psicotrópicas como las ideologías. Cuando Armstrong subió al Apolo XI, hacía furor el LSD en los campus de EEUU, pero aquello no era nada comparado con otro ácido que hace perder el sentido de la realidad, produce alucinaciones y crea adición: la ideología de género.

Lo malo es que haya altos tribunales que compren el mensaje declarando que no hay óbice, desde el punto de vista de la Constitución, para que niños y niñas registren el cambio de sexo, primer paso para que posteriormente se hormonen o se sometan a una cirugía de reasignación. Pocos atentados hay mayores contra la dignidad humana… y sin embargo. 

Armstrong no podría entender que el TC añadiera: “siempre que tengan «suficiente madurez y se encuentren en una situación estable de transexualidad». Le parecería un chiste malo. La evidencia de la vida real demuestra que el menor es inmaduro por naturaleza, de suerte que se le prohíbe consumir bebidas alcohólicas. Si no es maduro para beber, ¿por qué va a ser maduro para decidir que la madre naturaleza se ha equivocado con él y que puede cambiarse de sexo?

Y la evidencia científica demuestra que la transexualidad, como la disforia de género, en menores, es poco estable. Un 80% de los adolescentes que sienten atracción hacia el mismo sexo dejan de sentirla al alcanzar la edad adulta, como detallaba el informe de McHugh y Meyer publicado en The New Atlantis. Permitir que se considere chica a quien nació chico y que se someta a un proceso irreversible de cambio de sexo puede ser contraproducente y sumamente dañino para su equilibrio psicológico. De hecho, el Hospital Universitario John Hopkins dejo de hacer operaciones de reasignación de sexo porque, aunque la mayoría de los pacientes tratados se describieron como satisfechos con los resultados, sus ajustes psicosociales no habían mejorado. Como advertía McHugh, “conseguir un paciente satisfecho pero todavía con problemas no parece una razón suficiente como para amputar quirúrgicamente órganos normales”.

Según un estudio el ratio de suicidios diez años después del cambio de sexo es 20 veces superior que el de la población general

Por no mencionar una consecuencia aún más grave: el riesgo de suicidio que supone, asunto del que apenas se habla, porque es políticamente incorrecto. Un estudio sueco de larga duración (2011), citado por Actuall, examinó  a lo largo de tres décadas a más de 300 pacientes que se cambiaron de sexo, y concluyó que quienes se someten a esa cirugía presentan “una mayor tasa de mortalidad, de comportamiento suicida y de morbilidad psiquiátrica que la población en general”. El ratio de suicidios 10 años después de la operación era 20 veces superior que en la población en general.

Aunque se trate de cosas diferentes, la disforia de género tiene ciertas similitudes con la anorexia: no dejan de ser manifestaciones de las “crisis de identidad” típicas de la adolescencia. El anoréxico se percibe a sí mismo como obeso, cuando no lo está. Sin embargo la forma de tratar al anoréxico no es ceder ante sus deseos de llegar hasta el límite de la delgadez extrema, ¿por qué entonces no se procede de igual manera con el menor que dice sentirse atrapado en un cuerpo del otro sexo?. ¿Por qué, en definitiva, la anorexia se considera una enfermedad y la transexualidad no?

Si tan peligroso y contraproducente es esta forma de abuso infantil -así lo calificó el doctor McHugh-, ¿por qué las autoridades, tan preocupadas por los pulmones o el cerebro del joven, amenazado por la nicotina o el alcohol, toleran y alientan el cambio de sexo en niños y adolescentes? ¿Cómo es que hay jueces que dan el nihil obstat constitucional a que puedan cambiarse de sexo en el DNI?, ¿no habíamos quedado que eran independientes del poder político?, ¿no eran los intérpretes máximos de la Constitución?

Está claro que estas son preguntas ingenuas, tanto como las que se hubiera hecho Armstrong al volver de la Luna. Sabemos de sobra que el TC no es sino una extensión de los partidos políticos, y -salvo excepciones honrosas- sus miembros son unos aplicados funcionarios que, de acuerdo con la obediencia debida, no se salen del guión dictado por los que mandan. Desde el visto bueno a la cacicada felipista con la expropiación de Rumasa hasta el blanqueo de los cachorros del terrorismo para que se presentaran a las autónomicas vascas, pasando por la desidia para resolver el recurso presentado por el PP contra la ley Aído del aborto. Los años pasan (más de ocho), se siguen destruyendo vidas en el seno materno (a razón de 94.000 aborto al año), pero el Constitucional no tiene prisa: el recurso sigue durmiendo el sueño de los justos.

Leyes como las LGTBI o avales constitucionales como el del TC para que los menores cambien de sexo causarán mucho dolor

Especialmente obediente es con todo lo relacionado con el dogma intocable: la ideología de género. Lo demostró al no rechistar ante la ley de matrimonio homosexual de Zapatero; o ante la ley de Violencia de Género, que avaló, a pesar de que se presentaron más de un centenar de cuestiones de inconstitucionalidad contra ella. La ley partía de una mentira antropológica y jurídica como una casa: que la violencia tiene género y por ahí seguido tenía más agujeros que un Gruyère. Por no extendernos, su asimetría penal (desigualdad de penas en función del sexo) se daba de tortas con ese artículo de la Constitución que dice que “los españoles son iguales ante la ley” (art. 14), pero ya se sabe lo que pasa con la obediencia debida…

Leyes como las LGTBI o avales constitucionales como el del TC para que los menores cambien de sexo causarán mucho dolor y mucho daño, y destrozarán muchas vidas. Sus efectos pueden perjudicar a varias generaciones pero cuando, andando el tiempo, las víctimas quieran reclamar, los responsables (legisladores, gobernantes, jueces) ya no estarán. ¿O creen ustedes que se van a quedar para recoger con pala a los damnificados? 

F/ Aleteia

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