Solo tú, solo yo, para siempre

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Leí hace poco un libro que hablaba sobre la castidad, la conocida norma cristiana que dice nada antes del matrimonio y nada fuera del matrimonio.

Decirle esto a los jóvenes y, sobre todo, que así lo planeó Dios es duro, pues para la mayoría de ellos esto es o una novedad o un absurdo. Es un sentir bastante difundido en la sociedad que el placer es un medio para encontrar la felicidad y que la vida sexual activa puede darse en cualquier momento, incluso en la adolescencia.

La mayoría de las veces, lo que uno logra al decir esto es que lo tilden de retrógrado, conservador, cucufato, etc. No hay mucha esperanza de llegar a buen puerto y pareciera que la suerte está echada. A pesar de esto, siempre trato de explicar a los jóvenes que el sexo se reserva para el matrimonio porque solo en él lo pueden hacer con total libertad.

Esta libertad sexual es verdadera porque la vida sexual activa implica a toda la persona, no solo es la unión de genitales. Se trata de una unión muy íntima que se expresa incluso en la misma desnudez con que se realiza el acto. Por eso, la pregunta básica sería ¿puede alguien entregarse total, libre y plenamente a una persona sin comprometerse en serio con ella?

La respuesta es no, porque en una relación casual, prematrimonial o extramatrimonial, de lo que se tendrá cuidado es de no procrear, es decir, de no tener que responsabilizarse de las consecuencias naturales del acto. Como no saben cuánto tiempo más estarán juntos y el tener un hijo sería una irresponsabilidad, la entrega total es imposible. Tal unión estará mediada por el miedo y la incertidumbre, y no será expresión de libertad.

Desagravio a la castidad 

Con información de Gonzalo Estrada

Catholic.net

El papa san Juan Pablo II, en su exhortación apostólica Familiaris consortio, nos habla acerca de la castidad: “La castidad no significa absolutamente rechazo ni menosprecio de la sexualidad humana: significa más bien energía espiritual que sabe defender el amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y sabe promoverlo hacia su realización plena”.

¡Qué diferente es el concepto real de la castidad a la idea que generalmente tenemos acerca de ella! Ser casto es vivir el amor sin egoísmo.

También, el catecismo de la Iglesia católica nos dice acerca de la castidad:
“Significa la integración lograda de la sexualidad en la persona y, por ello, en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.

Ser casto o casta es lograr que toda nuestra persona —inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo— esté dominada por nosotros mismos, como el director de una banda municipal controla desde el centro de esta a todos y cada uno de los instrumentos que han de generar una hermosa melodía. En el caso de la persona humana, hombre o mujer, es integrar su sexualidad, femenina o masculina, ser dueño de sí mismo: conocer su cuerpo, sus sentimientos, sus capacidades de pensar, amar y decidir, y ser responsable de todo su actuar.

El amor sexual también es donación de sí al otro. No puede estar motivado por la manipulación.
La castidad invita a vivir de forma integral el dominio de uno mismo.

Adulterio

Es interesante también constatar que el tema del adulterio es censurado en varias esferas. Para un cristiano, esta censura está respaldada por el sexto mandamiento: No cometerás actos impuros, que más allá de su formulación negativa, intenta defender uno de los rasgos esenciales del matrimonio, la fidelidad. Para alguien que no es cristiano, también es un acto reprochable que tiene consecuencias físicas, psicológicas y espirituales muy graves. La naturaleza misma de la persona se rebela para no convertirse en objeto de placer.

En el ámbito del derecho, el adulterio está mal visto por la norma civil peruana, lo que llama la atención porque el Perú es un Estado laico. Así, por ejemplo, el artículo 333 del Código Civil peruano considera al adulterio como causal de separación de cuerpos. Y esta causal es la primera redactada en ese artículo, por delante de causales como la violencia física o la psicológica, el atentado contra la vida del cónyuge, la injuria, etc. Del mismo modo, el adulterio es causal de divorcio, según el artículo 349 del Código Civil. La fidelidad protege la unidad de los esposos y la hace fecunda en la familia. El compromiso exige exclusividad de manera natural.

¿Disfrute?

Lo dicho me hace pensar lo siguiente: si las relaciones sexuales están reservadas para el estado matrimonial, entonces, el plan de Dios era que cada uno de nosotros disfrute realmente del sexo solo con una persona en toda nuestra vida, salvo el caso de viudez y segundo matrimonio, en el que con la nueva pareja se vuelve a establecer el compromiso de por vida.

Lejos de ser una represión, esto embellece el don de la sexualidad porque le hace justicia plena al hecho de que cada uno es único e irrepetible, una persona amada por ser quien es y no por el placer que se pueda obtener de ella. Es la gran diferencia que hacía Chesterton entre amar y usar: “Las personas son para amarlas y las cosas para usarlas; el drama de nuestro tiempo es que amamos las cosas y usamos a las personas”.

Por: Juan Ignacio Angulo

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