Matrimonios con peligro

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Por: Lic. Jose María Contreras

Está claro que casarse en estos tiempos no resulta fácil, el acceso al mundo del trabajo de una manera estable, la posibilidad de tener una vivienda, el coste de la vida y de­ más circunstancias sociológicas están haciendo que, desde un punto de vista económico, sea difícil poder casarse. Por lo tanto, es cada vez más frecuente que una pareja se case cuando encuentran trabajo los dos, incluso aunque el traba­jo sea en distintas ciudades.

     Se multiplican las consultas de asesoría matrimonial en parejas con muy poco tiempo de matrimonio, que están empezando a tener problemas como consecuencia de que se ven poco, porque los puestos de trabajo distan entre sí y, prácticamente, sólo se ven el fin de semana y quizás algún día entre semana.

     Nos encontramos lo mismo que en el caso anterior, cuando se trata de personas que trabajan uno de día y otro de noche. O en puestos de trabajo que requieren pasar lar­ gas temporadas fuera de casa.

     Se hace con mucha ilusión, pero la falta de comunica­ción hace que se vaya perdiendo el cariño. El trabajo, o me­jor, la imposibilidad de cambiar y el sentirse atados a esa forma de vida, hace que una especie de impotencia se apo­dere de la pareja. El tener hijos se hace complicado y em­ pieza a no verse salida a la situación, con el consiguiente agobio por parte de la pareja. La sombra del fracaso aparece en el horizonte.

     Desde fuera las cosas se ven muy simples, pero también se ven con más perspectiva. Es una falta de prudencia arriesgarse en situaciones como las que he descrito antes, y que, como he dicho, cada vez son más frecuentes y, como consecuencia, se están presentando más problemas.

     Hay que concluir que, en muchos casos, lo prudente es no casarse con las premisas anteriormente  dichas. La vida de por sí no es fácil, añadirle aditamentos de este estilo es correr riesgos innecesarios. Pero ¡alguna vez habrá que ca­sarse! Sé que ése puede ser el pensamiento de muchos de  los que lean estas líneas. Sí, estoy de acuerdo, pero casarse es tan importante, que no merece la pena exponerse nada más que lo justo.

     Se está uno jugando la felicidad. Quizás se puedan bus­ car soluciones, la mayoría de las veces las hay, cambiándose de trabajo, o de ciudad. Hay que ser creativo en la solución. Hay veces que hay que arriesgar un trabajo, o algo de como­didad, para evitar estas situaciones, merece la pena hacerlo.

      También se podría hablar de casarse con alguien con una adicción, pornografía, sexo, alcohol, drogas etc es la antesala del fracaso. Muchas veces la mujer se siente culpable de dejar solo a una persona con esos problemas. Es un error. el noviazgo está pare ver si uno puede compartir la vida con una persona. Para hacer solidaridad o caridad no está el noviazgo.

     No arriesguemos. El que se expone a fracasar.  Es probable que fracase.  En lo personal casi seguro.

Fuente: Religión en Libertad

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