El feminismo, esencialmente antinatalista, por Magdalena Moncada

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A muchos nos llama la atención la obcecación feminista respecto a la aspiración antinatalista. El ideal de la liberación del cuerpo, defendido rabiosamente en las calles por multitudes de mujeres denominadas “feministas”, pareciese ser un clamor urgente, necesario e inamovible; pero a partir de la perspectiva marxista del feminismo, la necesidad de esta liberación es absolutamente intransable.

Así, se puede asimilar la lucha marxista a la misma lucha feminista (en su variante antirreproductiva): el sujeto de opresión marxista es el burgués, mientras que en el feminismo es el macho; el sujeto oprimido en uno es el proletariado, en el otro la mujer; el fundamento de la explotación en ambos es la propiedad, en el marxismo la propiedad de los medios de producción y en el feminismo la del cuerpo; en ambos es necesaria la revolución, en uno la revolución socialista y en el otro la revolución sexual; en uno, el proletariado se ve oprimido en pos de la producción, y en el otro, la mujer se ve oprimida por la reproducción; y en ambos, hay un sistema que perpetúa la dominación de ambas clases, en uno es el estado burgués, y en el otro, el patriarcado.

Muchas feministas identifican como principal diferencia entre ambos sexos, justamente la diferencia biológica en el ámbito reproductivo. Es por ello, que es fundamental, que el control de la reproducción lo tenga la mujer, como forma de liberación del yugo de la maternidad. Por lo tanto, los métodos anticonceptivos, el aborto, el rechazo del amor romántico, la rebelión contra la monogamia, la exploración del “auto placer” y el cuestionamiento de la heterosexualidad, entre tantos otros, no son más que medios para evitar la supuesta subyugación femenina provocada por su capacidad procreativa.

Quizás, la única opción que queda -para la participación de la mujer, que no concuerda con todos los postulados feministas- sea plantear, desde la otra vereda de su cosmovisión, una nueva concepción de la mujer

Esto presenta un problema práctico, en cuanto a la existencia de mujeres que no enarbolan las anteriores banderas, pero aun así se consideran feministas. Es debido al dogmatismo de los principios feministas y la determinación en conseguir sus fines como único medio posible para el derrocamiento del patriarcado, es que para todas las mujeres que pretenden subirse al carro del feminismo, pero que se consideran pro vida, verán siempre sus principios y convicciones confrontados por lo propuesto por la masa feminista.

Es por esto, que para quien quiera ser pro vida, o quiera defender el ideal familiar natural, resulta un impedimento continuar con sus ideales, y complementarlos con las tesis feministas ya arraigadas en sus movimientos vociferantes. Pues, en vista del largo avance doctrinal y filosófico del feminismo, sus ideas, su movimiento activo y sus “conquistas”, pretender reformarlo se vuelve un imposible.

Quizás, la única opción que queda -para la participación de la mujer, que no concuerda con todos los postulados feministas- sea plantear, desde la otra vereda de su cosmovisión, una nueva concepción de la mujer.

Sería mejor, para todas las mujeres que quieren defender a su sexo de ciertas injusticias, pero no abrogar de la feminidad, la maternidad y el matrimonio, proponer nuevas tesis que impulsen el rol social de la mujer, tesis fundadas en las características únicas de las mujeres, en sus capacidades que la hacen especial y fundamentalmente, orgullosas de ser cooperadoras centrales en la generación de la vida.

De esta manera el feminismo no sería la única voz en las calles, sus posturas se verían desafiadas, y la concepción de lo que es la mujer moderna y los desafíos que enfrenta, sería una concepción renovada y coherente a nuestra naturaleza, ajena a reducciones ideológicas totalitarias.

Fuente: Actuall

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