Concibió a su hijo en una violación y rechazó abortarlo: Él “es mi mayor bendición”

0
402

“Un regalo honorable y sincero de Dios: Eso es lo que significa el nombre de mi hijo, quien fue concebido en una violación en grupo”, así inicia su duro testimonio de vida Paula Peyton, una conferencista y activista provida que hoy apoya a mujeres que viven una situación similar.

Paula, oriunda de Memphis, Tennessee (Estados Unidos), fue concebida en una violación en 1991 y es la madre de Caleb, un niño concebido en una violación en grupo en 2017. Actualmente se desempeña como directora ejecutiva de Hope After Rape Conception, una organización sin fines de lucro dedicada a ayudar a las madres que sufrieron violación y necesitan apoyo para criar a sus hijos.

Paula relató su historia el 5 de junio en una columna publicada en la plataforma provida Live Action.

“Sufrí un trauma la noche en que fue concebido. No se puede negar la existencia de un trauma después de que dos hombres te apuntan con una pistola y te violan de todas las formas imaginables. Honestamente, cuando terminaron conmigo, no estaba seguro de por qué Dios me salvó la vida. Mi alma simplemente se apagó y viví en un perpetuo estado de duelo”, narró Paula sobre el terrible suceso que marcó su vida para siempre.

La mujer dijo que en aquel tiempo de dificultad un miembro del clero de la confesión evangélica a la que asistía “la empujó sin parar a tomar la píldora del día siguiente”.

“En aquel entonces no estaba segura de cómo me sentía sobre el plan b, pero sabía lo suficiente como para saber que podría evitar que una persona humana única se implante en el útero durante su etapa embrionaria. Así que decidí no tomarlo y evité los numerosos mensajes de texto y llamadas telefónicas del clero”, cuenta.

Paula explica que luego del traumático suceso lloraba en todo momento, “mientras rezaba y le preguntaba a Dios porqué permitiría que continuara la tortura que soporté esa noche”. 

“Me sentí desagradable, agotada, como si nunca volviera a estar completa, nunca volvería a estar limpia, nunca experimentaría alegría o la sensación de tener un propósito nuevamente. Y sentí que no tenía razón para seguir viviendo”, relató.

“Pero lo hice a través de las visitas médicas, los exámenes y los tratamientos proactivos que recibí contra las ETS, en caso de que hubiera estado expuesta a algo. Soporté los terribles efectos secundarios de la profilaxis posterior a la exposición (PEP), destinada a prevenir la transmisión del VIH. Empecé a avanzar en esta nueva existencia anormal de la que no quería formar parte”, añadió.

En vez de utilizar la píldora del día siguiente, Paula decidió cambiarla en la farmacia por una prueba de embarazo. Al poco tiempo apareció la señal de “embarazada” en la pequeña pantalla digital.

“Sonreí. Sonreí tan grande. En ese momento, supe, sin lugar a dudas, que Dios me había visto (…). Dios me dio el dolor que soporté por un propósito. Me dio una razón para vivir. Me dio el mayor regalo de amor y alegría que jamás hubiera podido imaginar: la oportunidad de ser madre de un bebé perfecto”.

Luego de ese evento, la madre dijo que sus luchas no desaparecieron, pues los miembros de la iglesia a la que pertenecía la empezaron a presionar para que abortara y otros dejaron de hablarle. Hasta le llegaron a pactar citas en clínicas abortistas sin su consentimiento,

“Me dijeron una y otra vez que mi bebé era ‘malvado’, ‘un engendro de Satanás’, ‘un recordatorio permanente de la violación’, ‘ni siquiera una persona’, ‘desagradable’, ‘un error’, ‘la razón de por qué el aborto existe’, y seguían y seguían. Esas fueron las cosas más amables que dijeron. No puedo contar la cantidad de veces que me dijeron que no podría amarlo porque fui víctima de una violación”, escribió Paula.

En su interior, la ahora conferencista pensaba: “La persona a la que intentaban convencer tanto por la naturaleza intrínsecamente malvada de lo que llamaban ‘los bebés de la violación de Satanás’, había sido concebida en una violación, y no demostré ninguna de las características horribles que me dijeron que mi hijo tendría”.

Además, de ese problema, comenzó a experimentar sangrado abundante debido a una infección producto de la violación.

“Fue la experiencia más traumática: sollozar y rogarle a Dios que perdone la vida de mi bebé, que lo fortalezca, que lo ayude a aguantar”, dijo.

Luego de que le diagnosticaron el tipo de infección, Paula tomó, por semanas múltiples, rondas de tratamientos con antibióticos.

“Lloré de miedo hasta que cesó el sangrado, y cuando finalmente lo hizo, a las 20 semanas, lloré lágrimas de acción de gracias. Dios seguía protegiendo a mi bebé, y solo una semana después, ¡descubrí que era un niño!”, narró la madre de familia.

“Cuando la gente trataba de hablarme sobre el aborto, les decía que Caleb y yo estábamos muy bien y que no podía esperar para ver su rostro, abrazarlo y ser su madre. Literalmente lo llamé por su nombre durante semanas, y todavía no podía ir a la iglesia sin que me dijeran que no era ‘demasiado tarde para arreglar esto’. Recibí ofertas de muchas personas, incluida una mujer rica, que todos querían ‘ayudarme’ financiando un viaje fuera del estado a Nuevo México para un aborto tardío”, continuó Paula.

Ella dijo que “no importaba que [su embarazo] fuera mucho más allá de la edad de la viabilidad”, que “no importaba que dejara en claro desde el principio que no quería abortar”, y que “no importaba que lo amara con cada fibra de mi ser”, pues, para las personas que la rodeaban, el niño había sido “concebido en violación” y “eso significaba que no era lo suficientemente digno como para respirar una sola bocanada de aire”. 

“Según ese estándar, yo tampoco”, acotó.

No obstante, a pesar del momento tan difícil, Paula se aferró a Dios y al hecho de que Él no descarta a las personas.

Cuando su bebé nació, Paula dijo que “era el bebé más feliz que había visto en su vida”.

“Ha seguido siendo el niño más alegre. A los dos años y medio, le encanta dar abrazos y besos. Me recoge flores silvestres del jardín y me pide que haga dibujos para las personas porque dice que quiere hacerlas felices. Él ama a los bebés y quiere ser un médico superhéroe cuando crezca”, cuenta la mamá del pequeño.

“A Caleb le encanta rezar, y reza todos los días para que las mamás sean amadas y para que los bebés en sus barrigas estén seguros”, agregó.

Hoy Paula mira a su hijo y reza por aquellos que ahora están en la misma “prueba que vivimos”.

“Los planes de Dios son siempre más grandes, siempre mejores, siempre para nuestro beneficio”, aseguró.

El mensaje final de Paula es que su historia, y la de su hijo, “no es triste”, sino que narra el amor ilimitado y redentor de Dios.

“Nuestra historia no es triste. Es cierto que está marcado por un trauma, pero no es triste. Nuestra historia narra el amor ilimitado y redentor de Dios, que me vio en lo más profundo de mi desesperación y me dio la mayor bendición de mi vida: un niño concebido en una violación en grupo, un niño que demasiadas personas consideraron desechable, un niño que me salvó la vida, un niño que siempre fue mi regalo sincero y honorable de Dios”, concluyó.

Fuente: Aciprensa

Deja un comentario