Un estudio reciente lo demuestra: las estadísticas sobre aceptación de la eutanasia no son serias

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Usar encuestas confusas y retocadas es práctica común cuando los políticos de un país intentan implantar la eutanasia, práctica que consiste en matar enfermos a su petición, algo que la Asociación Médica Mundial repetía en octubre de 2019 que se ha de considerar contrario a la ética médica.

Hay varios trucos para orientar, o directamente manipular, una encuesta sobre eutanasia, pero el principal elemento a tener en cuenta es que, simplemente, la gente no sabe casi del tema, no sabe apenas de medicina real ni de cuidados paliativos, teme el dolor y responde las preguntas de los encuestadores desde sus temores e ideología de base, sin pararse a considerar lo que significaría en casos concretos, reales.

Ahora, un estudio que se publicará en el American Journal of Geriatric Psychiatry (es decir, una revista centrada en la salud mental de la gente anciana) ha comprobado que las respuestas sobre eutanasiar a familiares con demencia avanzada son muy distintas cuando se da tiempo para reflexionar sobre los enfermos y su tipo de vida.

La investigación, explicada

El equipo de Dominic R. Mangino (un médico experto en bioética, eutanasia y demencia) realizó una encuesta en EEUU sobre si la ley debería permitir la eutanasia, específicamente, de pacientes con demencia que hayan dejado instrucciones para que se les diera muerte si llegaran a sufrir una pérdida total de autonomía y a no ser capaces de reconocer a sus familiares.

Primero, se explicaba a 1.715 encuestados algo sobre la vida de las personas con demencia y se les preguntaba si debía legalizarse la eutanasia para aquellos que la hubiera pedido previamente. Como en los sondeos más generalistas en EEUU, un 54% se mostraba a favor de legalizar la eutanasia, un 23% en contra y un 22% no se decidía.

Pero después se daba a leer a los encuestados un caso concreto de un paciente en esa situación, con demencia y declaración de voluntad anticipada. Y los investigadores repartieron al azar 6 casos distintos que concretaban más detalles:

1. Cuando el enfermo reconoce a algunos familiares pero no a todos.

2. Cuando, pese a haber dejado instrucciones para ser eutanasiado, ahora que tiene demencia dice que no quiere morir

3. Cuando el enfermo, en realidad, no parece sufrir

4. Cuando el enfermo es incapaz de entender qué está sucediendo cuando vienen a eutanasiarle

5. Cuando primero sedan al paciente sin que se dé cuenta, antes de practicarle la eutanasia

6. Cuando se disponen a ponerle la inyección letal, pero el enfermo parece resistirse

Y después preguntaron a los encuestados:

A – ¿Se debería permitir la eutanasia en una situación como esa?

B – Si la eutanasia fuera legal y autorizada en este caso, ¿estaría usted a favor o en contra de la legalización?

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Los que se manifestaron dudosos en la primera parte de la encuesta fueron los que más cambiaron: el 37% de ellos pasaron a rechazar la legalización, y sólo el 16%, a apoyarla.

En cambio, de entre los inicialmente favorables a la eutanasia, más de un tercio (el 35%) pasaron a dudar o a rechazarla.

Y de los inicialmente contrarios, un 22% pasaron a ser dudosos o favorables.

Cuanto más se concreta la variedad de situaciones, menos apoyo recoge la eutanasia. Los que consideraron el caso de falta de sufrimiento aparente (situación 3), los favorables a legalizar la eutanasia pasaron del 53% al 43,5%; pero fueron menos aun los que juzgaron admisible la eutanasia en ese caso: el 33%.

La mayor variación se dio en quienes consideraron el caso del que dice no querer morir (situación 2): el apoyo a legalizar la eutanasia bajó al 36,5%. El descenso más pequeño, quedándose aún en el 49,3%, corresponde al caso de falta de conciencia (situación 4).

Los autores del estudio señalan, curiosamente, que cuando el paciente no tiene conciencia para entender, el público en general está más dispuesto a eutanasiarlo, mientras que por el contrario, los médicos eutanasiadores están menos dispuestos que en otros casos.

En conjunto, tras la segunda fase, la opinión favorable a legalizar la eutanasia bajó del 54,4% inicial al 41,6%. La postura contraria a la eutanasia subió del 23% al 35,3%. El porcentaje de indecisos quedó más o menos igual.

Conclusión: la gente en las encuestas rápidas da respuestas sin meditar en profundidad, pero la eutanasia es un tema complejo, y el público no suele estar bien informado.

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El caso de los médicos

“La enorme mayoría de los médicos, pese a algunas campañas y encuestas sesgadas que se han intentado hacer, es contraria a la eutanasia”, afirmaba en una entrevista reciente Manuel Martínez-Sellés, cardiólogo, catedrático y autor de “Eutanasia, un análisis a la luz de la ciencia y la antropología”.

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Un ejemplo reciente se dio cuando en Inglaterra, el Royal College of Physicians (PCR), con 35.000 miembros, que siempre se declaró contrario a la eutanasia, organizó una dudosa encuesta interna, tras la cual intentó mostrarse como “neutral” ante la eutanasia; el enfado de sus miembros y el absurdo de sus procedimientos internos llevaron a sus órganos directivos a recuperar la oposición habitual de las entidades médicas contra esta práctica.

La realidad es que la eutanasia es un tema altamente técnico, ligado al miedo a la muerte y al sufrimiento y a la cercanía del fallecimiento, donde los verdaderos especialistas son los expertos en cuidados paliativos y atención física y psíquica del dolor al final de la vida.

La mayoría de los otros médicos, sean dentistas, oculistas, dermatólogos o ginecólogos, e incluso muchos oncólogos, por mucho que sean médicos colegiados, al estar altamente especializados en sus campos, en realidad saben poco sobre cuidados paliativos y cuidados al final de la vida. Muchos saben prácticamente lo mismo que el ciudadano de a pie, y hablan de “dolores insoportables” que en la práctica real casi no se dan. Muchos médicos que no saben de cuidados paliativos hablan de lo que desconocen, llevados por sus miedos personales o en su ideología.

En el número de septiembre de 2020 de la revista Misión, Encarnación Pérez, veterana enfermera del Hospital de Cuidados Paliativos Laguna (Madrid), explicaba: “el 97% de los dolores se puede controlar con medicación en el arco de 24 o 48 horas”. Para el 3% restante, es lícito recurrir a sedar (dormir) al paciente, siempre sin buscar su muerte (aunque pacientes muy frágiles pueden morirse durante la sedación).

Encuestas tramposas en España desde 1993 y antes

Que la mayoría de encuestas son tramposas, sea con ciudadanos o con médicos, ya lo decía un interesante documento de 1993 del Comité de Defensa de la Vida de los obispos españoles (“La eutanasia: 100 cuestiones y respuestas“). Lo que afirmaba entonces sigue siendo cierto hoy, pese a los avances de comunicación con Internet y los móviles.

“Se promueven encuestas para afirmar a continuación que la mayoría de los ciudadanos, de los médicos o de los enfermos de cáncer están a favor de la eutanasia. La experiencia universal en materia de eutanasia es que esas encuestas no son fiables, dada la confusa terminología al respecto y los componentes emocionales del tema: según cómo se planteen las preguntas y se interpreten las respuestas se pueden conseguir resultados interpretables de cualquier manera. Recientemente en España hemos visto un caso modélico al respecto: los titulares de prensa anunciaban que, según una encuesta, la mayoría de los médicos de Barcelona estaban a favor de la eutanasia. Analizado el contenido real de tal encuesta, resulta que los tales médicos están en contra de la obstinación terapéutica y en contra de la eutanasia, es decir, opinan lo mismo que lo que expresa este documento, pero su opinión ha sido manipulada en servicio de una idea que no comparten”, advertían los obispos.

Incluso el CIS, el centro de encuestas oficial del Gobierno español, usa preguntas confusas al respecto. Por ejemplo, en 2009 preguntaba: “¿Cree que en España debería regularse por Ley la eutanasia?” Muchos podrían responder: “sí, debe regularse por ley su castigo y penalización”. De hecho, está regulada y se castiga como homicidio, igual que en casi todos los países del mundo.

Peor era la pregunta del CIS de 2011: “¿Está de acuerdo con que en España se apruebe una ley que regule el derecho de las personas a tener una muerte digna?”

Muchas personas podrían pensar que se trata de una ley sobre cuidados paliativos, derecho a estar bien cuidado en los últimos días y horas, etc… No es una pregunta real sobre la eutanasia. ¿Quién puede estar en contra de una “muerte digna”? Simplemente, muchas personas consideran que matar al enfermo -aunque lo pida y se ponga musiquita suave de fondo- no es una muerte digna, sino un homicidio.

Fuente: Religión en Libertad

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