Ser pro vida y votar por Trump, por Carlos Polo

0
125

La próxima elección presidencial en Estados Unidos definirá si el holocausto del aborto toma un rumbo firme hacia su extinción o, por el contrario, se consolida en Estados Unidos y en todo el mundo.Y para quienes son conscientes que el derecho a la vida desde la concepción es el primer derecho sobre el cual se ejercen todos los demás no debería haber ninguna duda acerca de quién debería ganar el 3 de noviembre próximo.

Los candidatos a la presidencia de Estados Unidos nunca han sido tan claros en las decisiones que tomarán sobre el aborto una vez que asuman su mandato. Por un lado, está un candidato que es el presidente más provida de la historia, y por el otro, está la dupla Biden-Harris comprometida a facilitar la masacre «legal» de millones de bebés por nacer. En Estados Unidos no hay terceras opciones con posibilidad real, por lo que inclusive dejar de votar por un candidato republicano favorecerá indefectiblemente al demócrata y viceversa.

Escribo estas líneas para aquellos que todavía tienen dudas de votar por Donald Trump a pesar de toda la evidencia de su mandato en los últimos 4 años. También lo hago para aquellos que pueden ayudar a otros a disipar estas dudas. A todos ellos les comparto esta esclarecedora relación de hechos.

Por su parte, los demócratas Joe Biden y Kamala Harris han comprometido su apoyo al aborto legal hasta el nacimiento por cualquier «razón» o sin ninguna razón. Y quieren que todos los contribuyentes paguen tanto por los abortos en Estados Unidos como los del resto del mundo a través de la red global liderada por Planned Parenthood. Sí, la misma institución cuyos altos directivos fueron expuestos en videos traficando con órganos de fetos abortados.

Curiosamente, las únicas dudas sobre Trump existen en el lado pro vida. En el lado abortista, todos están muy claros. No hay un solo promotor o simpatizante del aborto en todo el mundo que dude ni por un segundo que Trump es el peor enemigo para su causa.

Es lógico y hasta muy saludable que algunos tengan una opinión crítica con respecto a Trump en algunos de los temas polémicos o incluso hasta en aspectos de su vida personal. Porque definitivamente, Trump no es un santo. Ni lo soy yo y probablemente ninguno de los que me estén leyendo. Pero ciertamente tampoco lo son los candidatos demócratas. Las elecciones no son concursos de pureza espiritual, sino acerca de qué autoridades tendrán las mejores acciones para favorecer el bien común.

Y Trump ha puesto en claro desde el primer momento de su mandato, con sus múltiples declaraciones públicas pero sobre todo con sus hechos, que su reelección por cuatro años más es clave para detener a los abortistas radicales en Estados Unidos y en todo el mundo.

Si algún día la dictadura del aborto en Estados Unidos llega a su fin, Trump tendrá mucho que ver con ello. No hace muchos años, solo pensar en revertir Roe vs. Wade era casi un delirio, incluso para los provida más optimistas. Sin embargo, hoy es una posibilidad cercana gracias a los nombramientos de jueces en la Corte Suprema que valientemente propuso Trump y que defendió contra los furiosos ataques de la prensa liberal totalmente parcializada con el partido demócrata.

En estos días ha sido presentada la candidata de Trump, Amy Coney Barret, para reemplazar a la recientemente fallecida y abiertamente abortista Ruth Baden Ginsburg como jueza de la Corte Suprema. Y menudo problema se les ha planteado a la maquinaria liberal mediática quien no oculta su completa parcialidad con el candidato demócrata. No podrán decir que tiene las calificaciones para el cargo, pues Barret es la candidata más brillante que se haya presentado a la Corte Suprema como lo reconocen hasta los académicos universitarios de la izquierda liberal norteamericana.

Si las elecciones presidenciales en Estados Unidos se han convertido en una guerra, se trata de una guerra contra los niños por nacer, y nadie en el movimiento provida se puede dar el lujo de no entender que Donald Trump es un amigo invaluable para  la causa

Siendo mujer, tampoco podrán hacer aparecer supuestas “víctimas de abuso sexual” aunque después terminen siendo solo acusaciones falsas, como lo hicieron en la nominación de Brett Kavanaugh. Ni tampoco podrán condenarla como racista o discriminadora pues ha adoptado dos niños haitianos de raza negra integrándolos a su familia junto a sus otros 5 hijos, uno de los cuales tiene necesidades especiales. Criticarla por ser católica tampoco parece ser buena idea. En plena campaña electoral, es algo que los demócratas prefieren que no se mencione porque eso lleva directo a todas las críticas a Biden que se presenta como católico pero su opción abortista lo descalifica como tal.

Es muy probable que esta sólida mayoría de jueces nombrados por Trump restauren el orden constitucional tanto en la Corte Suprema como en los circuitos federales. La importancia de esto para el futuro de Estados Unidos y para el mundo es enorme. Por supuesto que se salvarán muchas vidas de niños por nacer y a sus madres de las múltiples secuelas nocivas que les trae el aborto. Sin embargo, el aborto no es el único caso de un supuesto «derecho constitucional», fruto del activismo político y judicial. La Constitución de Estados Unidos seguirá siendo una incómoda realidad y ejemplo para combatir la tendencia liberal de izquierda que en muchos países reinterpreta torcidamente todo en función de las apetencias del poder de turno.

Para los católicos, la decisión sobre el voto es todavía mucho más clara. No se puede ser católico de verdad y apoyar el aborto. La Iglesia Católica enseña que el aborto es un “crimen abominable” como lo reitera Vaticano II. El aborto no es un tema más. El Papa Juan Pablo II lo incluyó como uno de los “temas no negociables”. El respeto a la vida desde la concepción es absolutamente “preeminente” e ineludible a la hora de decidir el voto. No puede ser de otra manera para quienes celebran el 25 de Marzo la fiesta de la Anunciación-Encarnación, y el 25 de diciembre, la Navidad. Sin ninguna duda, un católico sabe que Jesús compartió nuestra vida desde la concepción.

Si las elecciones presidenciales en Estados Unidos se han convertido en una guerra, se trata de una guerra contra los niños por nacer, y nadie en el movimiento provida se puede dar el lujo de no entender que Donald Trump es un amigo invaluable para  la causa y que pasará a la historia por serlo.

Fuente: Actuall

Deja un comentario